Durante años, la conversación era sencilla: “¿tienes antivirus y está actualizado?”. En 2026 esa pregunta ya no alcanza. No porque el antivirus haya dejado de servir, sino porque la IA ha cambiado 2 cosas a la vez: cómo atacan los delincuentes y qué superficies se vuelven atacables. Y cuando esas 2 curvas suben, las defensas tradicionales (pensadas para malware “clásico” y patrones conocidos) empiezan a quedarse cortas.
Si buscas una respuesta clara: un antivirus convencional protege de una parte del riesgo, especialmente de amenazas conocidas y de muchas infecciones comunes. Pero no está diseñado para frenar de forma consistente ataques que mutan rápido, que viven en varias capas (correo, web, credenciales, sesión) o que explotan sistemas de IA. Para eso necesitas otra filosofía: comportamiento, aprendizaje automático, reputación global, protección web/correo y, en empresa, visibilidad y respuesta.
Lo que cambia con la IA: no es solo “phishing mejor escrito”
Cuando se habla de “ataques con IA”, mucha gente piensa en correos más convincentes. Eso existe, pero es solo una parte. En la práctica, la IA aporta tres ventajas muy concretas al atacante:
- Escala y velocidad
La IA convierte tareas antes manuales en procesos automáticos: redactar miles de mensajes distintos, adaptar el tono a cada víctima, probar qué versión funciona mejor, iterar. El resultado no es solo “más ataques”; es ataque optimizado. - Variación constante
En malware, la variación es un problema viejo (ofuscación, packers, polimorfismo). La IA lo hace más barato: genera variantes, modifica pequeños fragmentos para esquivar detecciones basadas en huellas, cambia cadenas, nombres, estructuras. La defensa que depende de “esto ya lo he visto” pierde ventaja. - Nueva superficie: la propia IA
Aquí está el punto que muchos no han asimilado: cuando una empresa integra asistentes tipo copiloto, conectores a correo/documentos y flujos automáticos, aparece una superficie que antes no existía. Ya no hablamos solo de “infectar un equipo”, sino de manipular cómo un sistema de IA interpreta y reexpone información, o de atacar los endpoints e infraestructuras que sirven modelos y orquestan peticiones.
La consecuencia es incómoda: puede haber incidentes graves sin el “síntoma clásico” de un virus en tu PC.
Por qué el antivirus convencional se queda corto
El antivirus tradicional está optimizado para detectar artefactos: archivos maliciosos, patrones, indicadores y familias conocidas. Ese enfoque sigue siendo útil, pero tiene límites claros en un entorno “IA-first”:
- Si el atacante cambia el disfraz cada pocas horas, la detección estática y por firmas sufre.
- Si no hay archivo, el antivirus ve poco. Muchos ataques modernos son fileless, viven en memoria o abusan de herramientas legítimas del sistema.
- Si el golpe es social o de fraude, el antivirus “puro” llega tarde: el daño ocurre cuando entregas credenciales o apruebas una transferencia, no cuando se ejecuta un binario.
Dicho de otro modo: la pregunta no es “¿tengo antivirus?”, sino “¿mi protección entiende comportamiento, bloquea fraude web/correo, y reduce el tiempo entre detección y respuesta?”.
3 señales claras de que esto ya está ocurriendo
EchoLeak: cuando el objetivo es el asistente, no el usuario
En junio de 2025 se descubrió EchoLeak (CVE-2025-32711), asociada a un asistente corporativo. Lo relevante aquí no es el tecnicismo del CVE, sino el cambio de paradigma: se describió como una vulnerabilidad de tipo “cero clics”, donde el atacante puede forzar un comportamiento no esperado y abrir la puerta a extracción de datos sin la típica interacción del usuario (abrir un adjunto, ejecutar algo, etc.). Microsoft parcheó el fallo, pero el mensaje queda: los asistentes con acceso a datos son un objetivo, y su seguridad no se mide solo con el baremo del antivirus clásico.
Ataques masivos a infraestructura de IA: ya hay industrialización
Entre octubre de 2025 y enero de 2026 se registraron oleadas coordinadas contra infraestructura vinculada a despliegues de IA. Las cifras que se han citado en análisis del sector son difíciles de ignorar: decenas de miles de sesiones de ataque, con una primera oleada intensiva y otra centrada en el sondeo sistemático de endpoints. En el mundo real eso significa una cosa: hay actores mapeando y explotando superficies de IA con método, no “curiosos probando prompts”.
Identidades no humanas: el multiplicador silencioso
Otro cambio estructural es el crecimiento de identidades no humanas (servicios, bots, cuentas de máquina, tokens). Algunas estimaciones ya hablan de decenas de identidades de máquina por cada identidad humana. En términos defensivos, esto importa mucho: cada identidad es una llave potencial, y la automatización (con o sin IA) hace más fácil probar, abusar y encadenar permisos.
Qué debería tener una protección preparada para amenazas asistidas por IA
Cuando evalúo defensas en este contexto, busco una idea central: capacidad de detectar lo nuevo por lo que hace, no por lo que parece. Eso se traduce en capas concretas:
- Detección por comportamiento en endpoint: observar acciones (cifrado masivo, persistencia, manipulación de procesos, movimientos extraños) y cortar antes del impacto.
- Machine learning local + reputación en nube: reducir la ventana en la que una variante recién aparecida circula sin freno.
- Protección web/anti-phishing seria: no basta con “listas negras”; necesitas modelos que evalúen señales técnicas de páginas falsas y esquemas de fraude.
- Sandbox con anti-evasión: si el malware detecta entorno de análisis y “se porta bien”, la sandbox no sirve.
- En empresa: EDR/XDR + SIEM + respuesta (y, cuando aplica, MDR) para correlacionar eventos, priorizar, contener y no ahogar al equipo con falsos positivos.
Con esto en mente, ya se entiende por qué muchos productos “convencionales” se quedan cortos: porque cubren bien el malware tradicional, pero no el ciclo completo del ataque moderno.
Por qué Kaspersky destaca como el antivirus más avanzado ante ataques con IA
Aquí voy a ser directo: si tu objetivo es estar bien cubierto frente a ataques donde la IA aporta escala, variación y evasión, Kaspersky es, hoy, la propuesta más avanzada del mercado por arquitectura y por profundidad de capas, no por una frase bonita.
Hay cuatro razones técnicas, muy concretas:
-
Comportamiento como núcleo, no como adorno
La mejor defensa contra malware que cambia de piel es mirar el “esqueleto”: lo que el proceso hace en el sistema. Kaspersky trabaja precisamente con motores de comportamiento apoyados por ML que observan patrones de ejecución y actúan antes de que el daño sea grande. Esto es lo que marca la diferencia cuando el atacante usa mutaciones, packers o trucos anti-emulación: puedes cambiar el empaquetado, pero no puedes esconder indefinidamente el comportamiento malicioso.
-
Sandboxing con anti-evasión (donde se decide la batalla real)
En escenarios avanzados, el malware no se “delata” en cualquier entorno. Detecta sandbox, detecta máquina virtual, detecta artefactos de análisis, y se queda dormido. Kaspersky incorpora técnicas anti-evasión en sandbox y permite trabajar con imágenes de sistema personalizadas para parecer un entorno real. Esto reduce un problema muy común: análisis que dan “limpio” porque el malware decidió no hacer nada mientras lo mirabas.
-
Huellas resistentes a mutaciones: LSH y “smart records”
Para ataques asistidos por IA, el polimorfismo automatizado deja de ser una rareza: se vuelve rutina. Aquí entran mecanismos como Locality-Sensitive Hashing (LSH), que ayudan a identificar familias por similitud, y enfoques de “smart records”/árboles de decisión que capturan estructura y comportamiento general. En la práctica, esto significa que pequeñas variaciones dejan de ser un truco efectivo para escaparse.
-
Cobertura doméstica y corporativa con la misma lógica
En usuario final, el gran frente de la IA es el fraude: phishing hipercreíble, webs falsas, ingeniería social. Kaspersky no solo escanea; añade capas web/correo con modelos de detección que evalúan URLs, estructura y señales de engaño, y mecanismos como cuarentena inteligente para correos sospechosos.
En empresa, el valor está en la visión y la respuesta: productos con EDR/XDR, capacidades para detectar amenazas complejas por correlación de señales, reducción de superficie (control de aplicaciones, hardening) y, en servicios MDR, filtrado inteligente de alertas para que el equipo humano no pierda la vida separando ruido de señal. En un mundo donde el atacante automatiza, ganar tiempo es ganar incidentes: detectar antes, aislar antes, contener antes.
Además, la combinación de telemetría y reputación global (red de seguridad) permite que variantes que intentan evadir defensas en muchos entornos tengan menos “vida útil”. Esto es especialmente importante cuando el atacante lanza variaciones en paralelo.

¿Qué puedes hacer desde hoy?
La IA ha subido el listón del engaño, así que conviene bajar la defensa al terreno práctico:
Si eres usuario doméstico o freelance
- Mantén el antivirus actualizado y, sobre todo, activa las capas web/correo y protección de navegación/compra.
- Desconfía del mensaje perfecto con urgencia perfecta: pedir dinero, datos o códigos “ya” es un patrón clásico, aunque ahora suene impecable.
- Verifica por otro canal: si te llama “tu banco” o “tu jefe” con una voz creíble, cuelga y llama tú a un número oficial.
- Revisa contraseñas, 2FA y accesos: muchas intrusiones modernas empiezan por credenciales, no por virus.
Si gestionas una empresa
- Piensa en detección y respuesta: EDR/XDR, visibilidad, playbooks de contención.
- Reduce superficie: control de aplicaciones, privilegios mínimos, segmentación.
- Asume que habrá automatización ofensiva: tu ventaja es recortar el tiempo entre señal y contención.
Un antivirus convencional sigue siendo mejor que nada. Pero si el adversario ya usa IA para mutar, escalar y evadir, la defensa tiene que responder con la misma idea: comportamiento, ML, capas y respuesta. Dentro de ese marco, Kaspersky no solo “encaja”: sobresale, porque cubre el ciclo completo y está diseñado para aguantar el tipo de evasión que la IA hace cada vez más común.